Los “recortes en educación”, el “despilfarro” de la Generalitat en grandes eventos y la “ilegítima violencia policial”, mezclados, son tres ingredientes explosivos para los estudiantes, universitarios, profesores y padres que soportan cómo cada día se “racionaliza hasta el papel higiénico” en el sistema educativo público. Esta fue la conclusión del Manifiesto leído este miércoles por la estudiante Sara Martín Casamayor en la plaza de la Virgen, con el que culminó la manifestación —en la que participaron unas 20.000 personas, según el cálculo de EL PAÍS— que recorrió el centro de Valencia de forma pacífica durante dos horas, desde la Facultad de Geografía, en el campus de Blasco Ibáñez.

“El dinero del fraude de Emarsa equivale a lo que debe la Consejería de Educación a los colegios e institutos. La cantidad despilfarrada en la fórmula 1 equivale a 26 escuelas de Primaria y la Ciudad de las Artes costó el equivalente a 30 años del presupuesto de la Universitat de València”, remató Sara, tras anunciar que “el tiempo de la indiferencia ha pasado”.

Sara dio una pista de hacia dónde va el movimiento estudiantil. “Sabemos qué queremos y qué no queremos. Los estudiantes estamos unidos y vamos a defender una educación pública de calidad”. Y se refirió a los universitarios, que lidian con un sistema público que soporta una deuda reconocida en 2008 por la Generalitat de 800 millones. Los estudiantes advirtieron a lo largo de la marcha de que no están dispuestos a la reducción de grupos para “volver a las aulas masificadas”, ni a más subidas de tasas, ni al encarecimiento de los precios de los másteres y doctorados. La masificación ya está en marcha. La Universitat de València aprobó este miércoles reducir 1.111 grupos y dejará sin contrato a 375 profesores asociados.

Los estudiantes de enseñanzas medias y bachiller, por su parte, no permitirán “más retrasos en enviar los gastos de funcionamiento a los centros”. Así se lo ha hecho saber Albert Ordóñez, líder de la federación de estudiantes Faavem, a la Administración.

La marcha, bajo una impresionante pancarta con el lema Per un ensenyament públic i de qualitat, transcurrió con absoluta normalidad, en ausencia de las fuerzas de seguridad. Cinco furgones de la Policía Nacional despejaron el camino a los manifestantes. Les precedían a más de 300 metros de la cabeza de la marcha.

Nada que ver con el tenso ambiente que se vivió desde el corte de tráfico del 15 de febrero en el que fue detenido el primer alumno del instituto público Lluís Vives de Valencia y las siguientes tres cargas policiales que culminaron el 22 de febrero con 41 estudiantes detenidos en total, ocho de ellos menores de edad.

Muchas de las pancartas exhibidas ayer recordaban los negros enfrentamientos. “Menos policía y más educación”, “¡Peligro! Tengo un libro”. Un enorme cartel con una decena de imágenes de los estudiantes aporreados días atrás ironizó con la publicidad de unos grandes almacenes: “Esta primavera, vuelve el gris”.

El resto, indignación, contra la “violencia policial”. Ahí estaba la de los estudiantes de la Facultad de Medicina con una fotografía histórica de los encierros de 1977, que fueron represaliados por la policía franquista. O la denuncia de que “el abuso policial es dos veces criminal”, escrito en un cartón por otro estudiante de Comunicación de Gandia.

“Estoy muy avergonzado y muy afectado porque hemos dejado a nuestros hijos y nietos una sociedad inhabitable”. Es la reflexión que hacía Marc Adell, que ha sido inspector de Educación y profesor asociado de la Facultad de Psicología durante 33 años.

¿Recortes? “Claro que los hay: en todas partes”, responde contrariado Leonardo, un jubilado con carné de la Universitat dedicado al estudio de Historia del Arte: “Este mes me han bajado la pensión, despedido a mi mujer con 28 años de antigüedad en la Mostra de Cinema y mi hijo ingeniero agrónomo fue despedido de un instituto tecnológico catalán con un ERE que esperaron a hacer el día 14, solo dos después de la reforma laboral”.

Solamente un corte de tráfico hacia las tres de la tarde, de media hora, otra vez frente al instituto Lluís Vives, provocado por un centenar de estudiantes que volvían de la marcha, generó durante media hora un colapso circulatorio en la zona.

 

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